21 Junio 2012
Juan David García Vidal
Desde hace tiempo viene haciendo carrera la idea equivocada según la cual la guerrilla colombiana ha abandonado los ideales revolucionarios marxistas, convirtiéndose únicamente en una empresa criminal de narcotráfico y terrorismo. El error consiste en suponer que la ideología se encuentra separada del crimen lucrativo, como si el comunismo fuese incompatible con prácticas mafiosas o terroristas.
Al contrario, comunismo y crimen organizado son dos caras de una misma moneda totalitaria. Obvio que la guerrilla colombiana es una cruel empresa narcoterrorista, pero igual de evidente es su autoproclamado carácter marxista-leninista, es decir comunista. Su objetivo es tomarse el poder en Colombia por medio de una revolución armada, para implantar un modelo socialista, como el que fracasó estrepitosamente en el mundo hace más de dos décadas y que necesariamente lleva a un nefasto régimen totalitario como los de Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Castro, Ceaucescu, entre otros.
Decir que los guerrilleros tienen una ideología, no implica que se les esté acreditando como actores políticos respetables y tolerables. Es reconocer que, con sus declaraciones y sus acciones, han venido siguiendo al pie de la letra la ideología de Marx y sus s
eguidores, sin que por eso haya que disculparlos o santificarlos.
El marxismo-leninismo es una ideología de odio, envidia y violencia. Cree que la riqueza de los empresarios es fruto de la explotación a los trabajadores. Al tiempo que considera que la prosperidad que disfrutan las potencias capitalistas se debe al saqueo de las naciones pobres del tercer mundo. Sostiene, asimismo, que las instituciones republicanas y el Estado de derecho no son más que instrumentos que hacen posible la explotación del hombre por el hombre y la opresión de la clase burguesa sobre la empobrecida clase proletaria.
El comunismo promete acabar de raíz con todo eso. Sus partidarios piensan que la historia conducirá inexorablemente a la caída del injusto sistema vigente y al advenimiento, según Lenin, de una nueva era de paz, felicidad, igualdad, justicia y bienestar para todos.
Querer vivir en esa cautivadora utopía, según ellos, es un sentimiento tan noble que cualquier medio que sirva para un fin tan altruista resulta absolutamente insignificante. Para ellos, todo acto violento está autorizado en nombre de la "revolución" y la "justicia social" ¿No es esta, también, la mentalidad de las FARC o del ELN? ¿Acaso esas organizaciones no justifican sus secuestros, sus masacres y sus atentados indiscriminados, en nombre de los ideales comunistas?
La negativa a aceptar que la guerrilla es marxista-leninista, proviene también de un sector de la izquierda, que todavía se rehúsa a admitir que el comunismo sea una ideología que legitima la violencia. Ellos creen que Marx formuló una buena teoría, que no se aplicó correctamente y que no da lugar al terrorismo, porque sus intenciones son bondadosas.
Se trata de una absurda superstición, porque que en la realidad, una ideología no se juzga por lo que debe ser, sino por lo que es, o sea, una que hace el mal en nombre del bien, que es un fracaso económico y que ha causado la muerte de más de cien millones de personas en todo el mundo, por una utopía que sólo existe en la imaginación.![]()
Juan David García Vidal es abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y magíster en relaciones internacionales de la Universidad Externado de Colombia en convenio con la Universidad de Columbia en Nueva York y Sciences Po de París. Se desempeña como asesor jurídico y como profesor universitario de Derecho Internacional, Derecho Comercial Internacional, Geopolítica y Globalización. Es el director de Comentario Digital.





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