05 Julio 2011
Un tanto absurdas y confusas resultaron las acusaciones del ministro del interior sobre la llamada “puerta giratoria”, es decir, el hecho de que ciertas personas que han ocupado cargos en el gobierno salgan luego a trabajar en el sector privado, algunas de ellas en posiciones relacionadas con su cargo anterior.
Basta pensar en esto: es un propósito nacional el que a los altos cargos del gobierno lleguen personas con conocimiento y experiencia en los temas que habrán de atender.
Lo más probable es que ese conocimiento lo hayan adquirido en sus ocupaciones privadas. Terminado su paso por el gobierno --el cual, hay que decir, es muy ingrato en cuanto a la remuneración-- esas personas tienen que salir a ganarse la vida como cualquier otro ciudadano, y es apenas natural que busquen hacerlo en los sectores en los cuales son expertos. La condena a la presunta “puerta giratoria”, por sí misma, sería una exagerada paranoia, la cual conduciría a absurdos, como que para ministro de hacienda busquemos un veterinario, y para ministro de agricultura lo ideal sea un cantante. El análisis, por el contrario, habría que hacerlo caso por caso; allí donde efectivamente se encuentre uso de información privilegiada, acceso a canales exclusivos, o un riesgo inusual de que alguna de estas cosas ocurra, vale hacer sonar una alarma.
Pero la proscripción general que está implícita en las palabras del ministro no servirá más que para disuadir a los profesionales brillantes de unirse al servicio público, temerosos de que luego, cuando tengan que regresar a sus actividades personales, sean objeto de condena pública.
Andrés Mejía Vergnaud es director académico del Observatorio de Política y Estrategia de América Latina (OPEAL) del Instituto de Ciencia Política en Bogotá. Es autor de “Maestros de la Democracia Moderna” (Legis, 2003), y del libro “El destino trágico de Venezuela: Con o sin Chávez” (Tierra firme, 2009).
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