26 Octubre 2010
Editorial
El 1º de Enero de 2.011, Colombia comenzará su bienio como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas. El país obtuvo su puesto como representante de América Latina, con la aprobación de 186 países entre 192 que forman parte de la organización, el más importante foro para el tratamiento de los asuntos globales. No es la primera vez que Colombia participa en el Consejo de Seguridad, ya en varias ocasiones ha ocupado un puesto allí. Sin embargo, éste es un nuevo momento para el país, las circunstancias han cambiado y no es gratuito el voto favorable de la inmensa mayoría de los estados que integran la sociedad internacional.
Luego de varios años de postración económica, política y social, de asedio permanente de grupos narcoterroristas y de debilidad de las instituciones, Colombia ha optado por abandonar el camino hacia el precipicio y tomar la senda del fortalecimiento político, la reconstrucción de la autoridad y el progreso económico. Hasta 2.002, la inviabilidad de nuestro país era el tema más común en los espacios de discusión internacionales: Desempleo del 22%, inflación de dos dígitos, ciudadanos sometidos al asesinato, el secuestro y la extorsión y unos poderes públicos corruptos e ineficaces. No podía ser peor el panorama y no podíamos representar más que un riesgo para la estabilidad de América Latina.
Pero en tiempos recientes, la mejoría en los indicadores elaborados por estados, organizaciones no gubernamentales de carácter internacional, el Banco Mundial y la propia ONU, demuestra la capacidad del país para recuperar el terreno perdido y convertirse en un actor determinante para las relaciones internacionales. El incremento en el nivel de libertad económica, el ascenso en los puntajes del Índice de Percepción de la Corrupción (que realiza anualmente Transparencia Internacional), el alejamiento de la lista de estados fallidos y las reformas sustanciales en la economía, son algunas de las claves decisivas para alcanzar el éxito en la competencia internacional.
Pero lo fundamental para que Colombia logre tanto en tan poco tiempo, ha sido su actitud ante los retos que se le presentan, que es la correcta. Supo convertir las crisis en oportunidades, concienciándose ante todo de la necesidad de influir en las grandes decisiones regionales, para ser tenido en cuenta en el ámbito internacional. Hoy, la ONU no observa más a Colombia como la fuente de todos los problemas de América Latina o del mundo, sino como parte de la solución.
Ser incluidos en el Consejo de Seguridad constituye una oportunidad breve, pero histórica, de integrarnos definitivamente en la cooperación internacional, aprovechando la experiencia decenaria en la lucha contra el narcotráfico, la corrupción estatal, la protección del medio ambiente y el jaque al terrorismo y la delincuencia organizada internacional, enormes desafíos que los miembros permanentes del Consejo no pueden enfrentar solos, en un contexto de interdependencia entre las naciones.
Es cierto que la ONU merece todas las críticas posibles, y que hay una grave contradicción entre sus presupuestos y lo que implica en el terreno práctico, pero hoy sería casi impensable un mundo sin esta institución y es preferible participar en ella que asumir el suicidio de aislarse. Al lado de los nuevos miembros de este selecto grupo (Alemania, Portugal, India y Sudáfrica), Colombia adquiere una gran responsabilidad, teniendo el deber de ofrecer soluciones globales a problemas globales. Como ellos, tiene todas las capacidades y recursos para construir un auténtico orden internacional, de países modernos, civilizados y prósperos.



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