03 Noviembre 2010
Editorial
Los votantes estadounidenses han empezado a rectificar. Hace dos años, en medio de discursos grandilocuentes, amplias sonrisas y vanas ilusiones pacifistas, cometieron el inmenso error de elegir como presidente a un político inexperto, débil, indeciso, populista y radical. Le dieron cómodas mayorías en las dos cámaras legislativas y prácticamente lo ungieron como el salvador mesiánico de todas las crisis y el prodigioso pacificador de todas las guerras. Era el mito romántico de Barack Hussein Obama, que rápidamente resultó frustrado por la tozuda realidad.
En estas elecciones legislativas y estatales de mitad de período, Estados Unidos ha vuelto a dar una lección ejemplar de responsabilidad democrática. "De hombres es equivocarse; de locos persistir en el error”, decía Marco Tulio Cicerón. La mayoría de los estadounidenses, de forma sabia y afortunada, han demostrado que son capaces de enderezar el rumbo de su nación, propinándole una derrota aplastante a quien antes habían aclamado y eligiendo, con mayorías abrumadoras, a quienes mejor interpretan los principios tradicionales norteamericanos de libertad individual, bajos impuestos, gobierno limitado, austeridad fiscal, patriotismo y pasión empresarial.
Así las cosas, el triunfo histórico de los republicanos y del admirable movimiento conservador del Tea Party, es una clara manifestación de apoyo ciudadano a los valores constitucionales que han hecho de Estados Unidos la nación libre y próspera que todavía es, y también un valiente y firme mensaje de rechazo e incluso de rebeldía frente a las políticas socialdemócratas de Obama y su partido, ajenas y contrarias a la esencia individualista, liberal y conservadora de los Estados Unidos.
Los resultados electorales son contundentes: en la poderosa Cámara de Representantes, conformada por 435 escaños, los republicanos ganaron 243 y los demócratas se quedaron con 192. Este escenario puede frenar la agenda legislativa de Obama y constituye el mayor cambio de poder desde que los demócratas perdieron 75 escaños en las elecciones de 1948.
En el Senado, la situación no es mejor para Obama y los demócratas. Aunque mantuvieron la mayoría, porque sólo estaban en juego 37 de los 100 escaños, los demócratas perdieron terreno, quedando con 52 senadores, mientras que los republicanos sumaron 47. Y en cuanto a los gobernadores, la derecha republicana alcanzó la mayoría con 26 gobernaciones.
Estos resultados, que además conllevan la salida de la arrogante y detestable Nancy Pelosi de la presidencia del Congreso estadounidense, mejoran las perspectivas de una pronta ratificación del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos.
Ahora bien, aunque estos comicios son un triunfo incuestionable de la centro-derecha liberal-conservadora y una paliza durísima para Obama y la izquierda demócrata, aún no ha empezado a descollar un candidato capaz de vencer a Obama en las elecciones de 2012. Esto no ha hecho más que empezar.



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