02 Mayo 2011
Editorial (Por Juan David García Vidal)
Aunque la muerte de un líder terrorista mítico como Bin Laden tiene un devastador efecto sobre la moral del movimiento islamista en general y sobre Al Qaeda en particular, aún está por ver qué tan útil resulta desde el punto de vista operativo de la red internacional de terrorismo, porque el abatido jefe de Al Qaeda estaba más preocupado por esconderse que por planificar nuevos ataques terroristas contra Occidente. No obstante, parece que las fuerzas especiales estadounidenses que ejecutaron el admirable operativo contra Bin Laden han encontrado, en su escondite de Pakistán, abundantes documentos y computadores que podrían resultar de gran utilidad para la guerra contra el terrorismo.
Pero tampoco hay que hacerse falsas ilusiones ni llamarse a engaños, pues Al Qaeda sigue activa en lugares como Afganistán, Yemen o Irak, mientras que el terrorismo islamista y la ideología fanática que lo sustenta siguen muy vigentes y ganando adeptos en todo el mundo. La mayoría de los niños y jóvenes musulmanes siguen siendo educados en el odio y el resentimiento contra Occidente. Continúan existiendo estados, como Irán, Arabia Saudita y Siria, que patrocinan impunemente el terrorismo. Las organizaciones islamistas siguen reclutando y entrenando jóvenes para la “Yihad” o “guerra santa”. Con la muerte de Bin Laden, los fanáticos islamistas han perdido un líder carismático, pero han ganado un mártir para su causa totalitaria.
La caída de Bin Laden demuestra que la firmeza contra el terrorismo produce buenos resultados. Los frutos que hoy recoge Obama son producto, en gran medida, del trabajo que empezó su antecesor, George W. Bush. Él estableció, contra viento y marea, una exitosa estrategia de seguridad que no sólo ha impedido que los terroristas vuelvan a atacar en suelo estadounidense, sino que también ha hecho posible la eliminación de buena parte del liderazgo de Al Qaeda. La llamada “Doctrina Bush”, desde el principio, tuvo como principal objetivo estratégico llevar la guerra a los santuarios de los terroristas, quitándole a Al Qaeda y a sus aliados buena parte de su iniciativa ofensiva y su capacidad de actuación. Así, la estrategia de Bush los puso a la defensiva en su propia zona de influencia y les hizo replantear sus planes de acción. Las guerras de Irak y de Afganistán generaron un repliegue de buena parte de los terroristas islámicos hacia esos países, donde se han convertido en guerrilleros, lo cual les ha hecho alejar su atención, al menos temporalmente, de la planificación y ejecutoria de atentados terroristas en Occidente.
Lo curioso y novedoso de la guerra contra el terrorismo es que gran parte de los éxitos no se miden en términos de victorias militares o por lo que sucede sobre el campo de batalla, sino en términos de lo que no sucede, de lo que se logra impedir. Los terroristas islamistas no han renunciado a atacar a EEUU nuevamente en su territorio, si no lo han logrado es porque la estrategia del gobierno estadounidense, establecida por Bush y continuada por Obama, ha funcionado y les ha impedido (al menos por ahora) que vuelvan a atacar.
Además, el denostado centro de detención de Guantánamo, instaurado por Bush y mantenido por Obama (a pesar de sus irresponsables promesas de cerrarlo), ha sido clave para capturar a Bin Laden y ha demostrado ser de enorme utilidad para impedir masacres terroristas. Gracias a los interrogatorios allí realizados se logró establecer la pista que permitió dar con el paradero de Bin Laden.
Así pues, no hay que bajar la guardia. Nada de debilidad, nada de diálogo, nada de apaciguamiento ni de medias tintas. Hay que redoblar los ataques contra Al Qaeda y compañía. Es el momento de recuperar la agenda de libertad de Bush en el Medio Oriente, porque la expansión de la democracia y la cultura de la libertad son los mejores antídotos contra el fanatismo islamista, que es la causa fundamental del terrorismo. No hay camino diverso si la civilización quiere prevalecer.![]()
Juan David García Vidal es abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y magíster en asuntos internacionales de la Universidad Externado de Colombia en convenio con la Universidad de Columbia en Nueva York y con Sciences Po de París. Es director general de Comentario Digital.



Comentarios
"Deep in my heart I know the man's on the run, if he's alive at all. . . . I just don't spend much time on it, really, to be honest with you." Bush, March 13, 2002.
"Because he's hiding" Bush, explaining to the Washington Post why Osama bin Laden had yet to be captured. January 16, 2005.
Fueron algunos de los comentarios de Bush durante su administración. El decir que Bush merece algún tipo de merito por este gran evento es insólito. Esto fue una promesa del Presidente Obama. Enfocar la lucha al terrorismo donde debe estar, tras Al-Qaeda y no tras un acecino como Saddam que nada tuvo que ver en los ataques del 11-S. Referente al asunto de "llevar la democracia" al medio oriente, creo que lo que esta ocurriendo en estos momentos en Yemen, Siria, Libia, Egipto, es prueba de que existen mecanismos mas eficientes para lograr tal cometido que la invasión militar. No olvidemos que ya han pasado casi 36 meses de la salida de Bush del poder. Este gran evento no ocurrió en su administración. Lo que sí dejó su legado fueron dos guerras inconclusas y una economía quebrantada. Muy difícil hablar de un legado admirable fabricado por la pasada administración.
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