31 Mayo 2010
Editorial
Aunque se necesitará una segunda vuelta electoral en tres semanas más para conocer quién será el nuevo presidente de Colombia, el masivo respaldo que los votantes le dieron a Juan Manuel Santos en las elecciones presidenciales de ayer, es un claro mensaje de apoyo ciudadano a la gestión del presidente Álvaro Uribe y también una valiente y firme manifestación de rechazo a las FARC, a Hugo Chávez, a Rafael Correa y a todo lo que representan.
Ahora llegó el momento de las alianzas para la victoria definitiva de Santos en la segunda vuelta. El destino natural de las fuerzas de Germán Vargas Lleras y del sector minoritario del Partido Conservador que se quedó con Noemí Sanín, es el de la candidatura presidencial de Juan Manuel Santos, en la gran coalición uribista, de la que nunca debieron salir.
Los resultados de esta primera ronda electoral muestran que Colombia es un país de rebeldes, en el mejor sentido de la palabra. Al otorgarle un triunfo tan amplio a Santos, la mayoría de los colombianos se resisten a dejarse intimidar por los chantajes y amenazas de Chávez y de las FARC; se resisten a las poderosas fuerzas de los medios de comunicación izquierdistas de Colombia y de todo el mundo, cuya obsesiva hostilidad hacia el gobierno de Uribe los tiene involucrados en una burda campaña de desprestigio en su contra, buscando impedir a toda costa la elección de Santos. Los colombianos se resisten a las modas mediáticas y a las “Olas” irracionales. Se resisten a los patéticos actores, cantantes, intelectuales, columnistas y periodistas de las radios bogotanas. Premian la coherencia, la fe, la lealtad, la experiencia, la firmeza, el compromiso con la victoria y la claridad en la ideas. Rechazan la indefinición, la improvisación, la genuflexión, la debilidad y las contradicciones.
Colombia resiste tercamente como un faro de libertad política y económica, frente al populismo liberticida de gran parte de la región latinoamericana. Colombia se resiste enérgicamente a seguir siendo un país pobre, atrasado y violento. La mayoría de su gente, de forma sabia y afortunada, ha demostrado que quiere mantener el rumbo trazado por el actual mandatario, para derrotar de una vez por todas al narcoterrorismo y dar el salto seguro y definitivo hacia la paz y la prosperidad que tanto se merece.



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