14 Junio 2010
Beatriz Campillo
Este 20 de Junio debemos ir nuevamente todos a las urnas, para apoyar al candidato de nuestra preferencia, o al menos, expresar nuestra inconformidad votando en blanco. No debemos confiarnos, no todo está dicho; si bien en la primera vuelta el candidato del Partido de la U, Juan Manuel Santos, ganó por un amplio margen, es necesario acudir nuevamente a sufragar. Tal vez, es importante recordar que los resultados de la primera vuelta no afectan para nada los de la segunda y eso hace parte de la pedagogía en que los partidos, tanto de la U como el Verde, deberán insistir, pues gran parte de la población aún no comprende bien cómo funciona nuestra democracia. El otro obstáculo a vencer por parte de los partidos, pero sobre todo de los ciudadanos, además del abstencionismo ya tradicional, es el hecho de estarse jugando el Mundial de Futbol Sudáfrica 2010, que es un evento que acapara la atención de un gran público y que a veces hace olvidar otro tipo de responsabilidades.
Ahora bien, no podemos desconocer que estas elecciones han tenido un tinte mediático y virtual, que las ha hecho particularmente interesantes. Las pasiones que despiertan ambos candidatos, unido al panorama nacional e internacional, las hacen más atractivas para el elector. El tema de las alianzas, el acuerdo nacional de Santos y la apuesta solitaria de Mockus; los discursos de los candidatos y su forma de asumir lo sucedido el pasado 30 de Mayo; el triunfo de la Registraduría y el descrédito de las firmas encuestadoras (al menos en el ambiente popular); sumado a debates tan candentes como el protagonizado por los dos candidatos en City Tv, hacen que esta segunda vuelta sea aun más emocionante que la primera.
Pero más allá de la emoción, debemos pensar con cabeza fría y recordar nuestra sabiduría popular, que nos advierte que “De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”, y más valdría hacerles caso a nuestros antepasados de cara a la segunda vuelta de elecciones presidenciales. Los programas de gobierno no son consignas, y en esto debemos ser cautelosos. No basta con corear frases sonoras que, si analizamos a fondo, atentan contra lo mismo que pregonan; es necesario proponer y las propuestas, buenas o malas, deben ponerse sobre la mesa para ser discutidas. Pero no es posible abrir este diálogo, cuando se crea un halo de superioridad moral, cuando se da a entender que todo el que no esté conmigo es corrupto, cuando se descalifica a los opositores, cuando la política se entiende de la manera más aséptica, desconociendo su complejidad. Querámoslo o no, la política real es un mundo de pasiones, de intereses, de estrategia, de alianzas, de poder… para bien o para mal.
Gran parte de la complejidad de ser Presidente de la República, radica en el hecho de que se debe ser fiel a unos principios personales y de partido, pero que a la vez se debe ser consciente de que no sólo se gobierna para un grupo de electores, sino que, como lo dice el Artículo 188 de la Constitución Política de Colombia: “El Presidente de la República simboliza la unidad nacional”. De allí que las alianzas, que no tienen que llevar necesariamente a la corrupción ni al reparto de la burocracia, sino que pueden estar inspiradas en proyectos políticos comunes, de fondo son necesarias para garantizar una buena gobernabilidad. Tener bancadas fuertes en el Congreso, que sean favorables al ejecutivo, permitirá desarrollar con mayor rapidez los programas de gobierno. Ahora, para tener una buena democracia también es necesaria una buena oposición, desde que esta se encargue de hacer un control político responsable, teniendo claro los intereses del Estado y no simplemente oponiéndose por capricho, sino con argumentos serios.
La invitación es, pues, a que miremos los programas de gobierno, las propuestas y no nos quedemos en criticar, en buscar culpables y en alabar virtudes personales. Es cierto que debemos evaluar qué tan viables, qué tan reales son las propuestas, para tampoco irnos al extremo de la demagogia y el populismo, prometer y prometer, cuando se sabe que no se puede cumplir… No todo deben ser cifras frías, pero sin duda debemos exigir una buena planeación por parte de quien aspira a gobernar un país que es tan distinto de una región a otra.
Pero la principal invitación que debemos transmitir a las personas más cercanas, consiste en salir a votar, y hacerlo de forma responsable. Ejercer nuestro derecho también es cumplir con nuestro deber y, en parte, hacer aunque sea un pequeño homenaje a quienes dieron sus vidas para que hoy podamos participar como ciudadanos. No podemos olvidar la historia política, solamente porque hoy nos parezca algo normal y hasta opcional el depositar nuestro voto en las urnas. Las cosas no siempre han sido como las vemos ahora.
Beatriz Campillo es Politóloga, miembro del Centro Colombiano de Bioética (CECOLBE), autora del Blog "Ciencias Políticas, Bioética y Bioderecho".
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