27 Agosto 2010
Editorial
El muy discutible y muy desafortunado fallo de la Corte Constitucional que deja sin efectos jurídicos el acuerdo de cooperación militar firmado en 2009 por Colombia y Estados Unidos para profundizar los compromisos bilaterales en la lucha contra las amenazas comunes del narcotráfico y el terrorismo, debe ser aprovechado por el presidente Santos para infundirle renovado vigor a la relación especial con los Estados Unidos, reforzando y extendiendo mucho más los convenios de seguridad y defensa; impulsando la ratificación del TLC y avanzando, de forma firme y enérgica, en la adopción de estrategias y en la suscripción de nuevos pactos que beneficien a los dos países.
Si de verdad el presidente Santos está decidido a erradicar, de una vez por todas, la pesadilla del narcoterrorismo en Colombia, debería estar preparando la negociación de un nuevo convenio de cooperación con Estados Unidos sobre la base de condiciones más ambiciosas que, por ejemplo, les permita a los militares de ese país acceder no sólo a siete bases colombianas, como establecía el mencionado acuerdo de 2009, sino a todas las bases del país, para que nos ayuden a modernizarlas y dotarlas mejor; para que traigan sus aviones prodigiosos con su tecnología de punta y para que su presencia sirva de factor disuasivo frente a las continuas amenazas guerreristas y expansionistas de la tiranía venezolana.
Ahora bien, es obvio que Chávez y sus aliados izquierdistas latinoamericanos se opondrán por todos los medios a una alianza militar de esa naturaleza. Su ideología los ubica, objetivamente, más cerca de las FARC y del ELN que del legítimo Estado colombiano. Al tiempo que su antiamericanismo obsesivo los lleva, pase lo que pase y trate de lo que se trate, a culpar a Estados Unidos de todos los males, reales o imaginarios.
Esta previsible escalada de tensiones con algunos vecinos latinoamericanos no tiene por qué frustrar el necesario fortalecimiento de la alianza estratégica entre Colombia y Estados Unidos. Aunque el presidente Santos decida no estrechar aún más los vínculos con la superpotencia norteamericana, el aumento de las tensiones y la perspectiva de nuevas crisis diplomáticas con los regímenes vecinos, como el venezolano o el ecuatoriano, es una tendencia prácticamente inexorable, habida cuenta de la incompatibilidad intrínseca entre sus principales intereses estratégicos y los de Colombia.
En ese sentido, detener la profundización de la cooperación con nuestro principal aliado porque eso va a fastidiar a Chávez y a Correa, es pecar de cobardía y constituye una equivocación estratégica fundamental. Si algo deberíamos tener claro los colombianos, empezando por el gobierno, es que Estados Unidos ha sido el único socio útil y leal en nuestra lucha por salvar la institucionalidad democrática de la amenaza del terrorismo y del negocio de las drogas ilícitas que lo alimenta.
La estrecha relación colombo-estadounidense se ha debido a una clara e histórica convergencia de intereses bilaterales, pero también a la falta de solidaridad de nuestros “hermanos” latinoamericanos, en particular de Brasil. Si esos países fueran un poco más leales, responsables y solidarios, y si vecinos como Venezuela y Ecuador no les otorgaran apoyo y refugio a los terroristas de las FARC y del ELN, la presencia militar norteamericana en Colombia resultaría totalmente innecesaria.
Ahora bien, la alianza entre Colombia y Estados Unidos enfrenta detractores aún más poderosos e influyentes: cientos de Organizaciones No Gubernamentales (ONG); decenas de congresistas izquierdistas de ambos países e innumerables políticos, sindicalistas, académicos y periodistas mamertos, los mismos que tienen bloqueada la ratificación del TLC en el Congreso de Estados Unidos, están empeñados en impedir la cooperación. Ellos están cegados por la ideología y envalentonados por tener de su lado al grueso del Partido Demócrata y a Obama, un presidente débil, indeciso, inexperto, izquierdista y manipulable. Sin embargo, en noviembre hay elecciones al Congreso estadounidense y todo apunta a que los demócratas van a sufrir una paliza arrolladora por parte de un electorado cansado de los desmanes estatistas e intervencionistas de Obama, y por parte de un Partido Republicano que está regresando a sus fundamentos conservadores de gobierno limitado y mercados libres. Si ello llega a suceder, seguramente habrá buenas noticias para la alianza entre Colombia y Estados Unidos. Esperamos y deseamos que así sea.



Comentarios
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.