30 Septiembre 2010
Editorial
En buena hora la Procuraduría General de la Nación ha decidido destituir e inhabilitar a la senadora Piedad Córdoba por complicidad con las FARC. No podía ser de otro modo, pues se trata de uno de los casos más evidentes y más flagrantes de colaboración de un servidor público con una organización armada al margen de la ley. Las FARC siempre han tenido una estrategia política de la cual la senadora Piedad Córdoba ha formado parte fundamental. Ella se ha convertido en el brazo mediático y en la voz internacional de esa organización terrorista. Ella era su principal ficha en el Congreso y en las instituciones. Ha sido la principal aliada de Chávez en Colombia. Su acción como “mediadora” iba más allá de las necesarias gestiones humanitarias o de las legítimas funciones de la oposición, porque siempre utilizó el doloroso drama del secuestro como arma política para tratar de deslegitimar al Estado colombiano, poniendo al gobierno como culpable.
La Corte Suprema de Justicia podría haber actuado antes en este y otros casos de la llamada Farcpolítica, pero ha sido el Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez Maldonado, quien valientemente ha empezado a revelar la verdad de la densa y oscura red de nexos entre políticos y miembros de las guerrillas. Por hacerlo, por cumplir con su deber y por propinarle otra baja a las filas de las FARC, pocos días después de la muerte del “Mono Jojoy”, se ha ganado los insultos, los ultrajes y las iras de la izquierda más rabiosa, más sectaria y más abyecta.
Lo raro es que la justicia colombiana se muestre tan diligente para acusar y encarcelar a los congresistas involucrados en la parapolítica, muchas veces con menos elementos probatorios que los que existen contra la senadora Córdoba, pero al mismo tiempo exhiba una sorprendente parsimonia para actuar en casos como el de Gloria Cuartas y otros políticos vinculados a las FARC.
Mientras en muchos de los procesos contra políticos involucrados con grupos de autodefensa no hay más que un simple testimonio manipulado, en el caso de la senadora Córdoba abundan las pruebas de su intensa relación de colaboración con los terroristas de la FARC. No sólo están los documentos y correos electrónicos del computador de Reyes o las propias declaraciones de la senadora, además hay interceptaciones telefónicas legales a jefes guerrilleros en las que se habla de brindarle “apoyo político a Piedad Córdoba”, así como documentos en memorias USB, discos duros, computadores portátiles y el testimonio del ciudadano ucraniano Víctor Tomnyuuk, quien en 2007 estuvo infiltrado en el Frente 30 de las FARC y reveló detalles de reuniones y acuerdos entre la organización criminal y la senadora Córdoba. Se trata de pruebas recabadas cuidadosamente, desde hace varios años, con el lleno de los requisitos legales.
Del análisis de los documentos digitales hallados en el computador de “Raúl Reyes”, cuya autenticidad y credibilidad ha sido certificada por las autoridades judiciales y policiales colombianas, así como por la Interpol, se logró establecer, más allá de toda duda, que Piedad Córdoba mantenía una comunicación frecuente y muy cercana con el jefe guerrillero, utilizando como firma los nombres de “Teodora de Bolívar” o “Dorotea”, mientras que Reyes se refería a ella como “la negrita” o la “negra Piedad”. En dichas comunicaciones, la procuraduría estableció con certeza que la senadora emitió consejos al grupo de las FARC para el manejo de las pruebas de supervivencia de los secuestrados y fraguó con la organización terrorista una estrategia miserable y repugnante para obtener beneficios políticos del proceso de liberación de secuestrados.
Como carece de verdaderos argumentos jurídicos para defenderse, la destituida senadora Córdoba se ha dedicado a lanzar insultos y descalificaciones contra el Procurador. Afirma que se está “criminalizando su labor humanitaria”, pero no dice que se ha presado al juego macabro de las FARC de demorar la liberación de los secuestrados, entregándolos gradualmente y en medio de grandes despliegues propagandísticos para la organización terrorista y su “mediadora”. Ella nunca ha exigido la liberación de todos los secuestrados, porque siempre ha sabido que sin rehenes que le brinden vigencia mediática, quedaría políticamente acabada. Por eso, según dejó escrito el mismo Raúl Reyes en su computador personal, fue Piedad Córdoba quien privadamente, en diciembre de 2007, les pidió a las FARC que no liberaran a Ingrid Betancourt, pues perderían una importante carta de presión y negociación política. No debe olvidarse, tampoco, que fue Piedad Córdoba quien llamó “fascistas” a los millones de colombianos que salieron a las calles, el 4 de febrero de 2008, a pedir la libertad de todos los secuestrados. Fue igualmente Piedad Córdoba quien manifestó al semanario comunista Voz, en octubre de 1998, que su encuentro con “Tirofijo” en el Caguán había sido el instante más sublime de su vida y que ella “comparte plenamente” los sanos principios de los dirigentes de las FARC, a quienes considera personas “de diálogo”. Esa es la catadura moral de quien hoy se presenta como una mártir de “la paz” y una beatífica defensora de “los derechos humanos”.
En Comentario Digital siempre hemos creído que Piedad Córdoba no es digna de ostentar la honorable investidura de senadora de la República. Desde hace muchos años ella ha venido dando muestras de su desprecio por las instituciones democráticas del país, llegando a pedir públicamente a gobiernos extranjeros que rompan relaciones con Colombia, por tener un gobierno que combate firmemente al narcoterrorismo marxista con el que ella tanto simpatiza.
A la guerrilla no sólo hay que combatirla en el frente armado, sino además en el vasto ámbito de sus alianzas políticas e internacionales, desenmascarando a sus valedores y amigos. En consecuencia, no vamos a extrañar a Piedad Córdoba en el Congreso y esperamos que reciba todo el castigo que se merece.



Comentarios
Que verguenza que una persona de esa calaña haya hecho parte de nuestro Congreso.
Somos muchìsimos los colombianos que tambien esperamos que reciba "TODO ES CASTIGO QUE SE MERECE"
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