05 Abril 2010
Foto: Jorge Andrés Paparoni Bruzual
Juan David García Ramírez
La Revolución Bolivariana funciona, es un hecho incuestionable. Ha demostrado ser tanto o más eficiente que los procesos revolucionarios más relevantes de la segunda mitad del siglo XX: La Revolución Cubana de 1.958, requirió de un par de decenios para transformar el Estado y la sociedad cubana, y convertirlos en una isla-prisión. La construcción, en 1.961, del Muro de Berlín, aisló absurdamente a Alemania Oriental del mundo libre, durante 28 años.
La Revolución Cultural China, emprendida por Mao Tse Tung en 1.966, causó en diez años la hambruna a más de veinte millones de chinos. Entre tanto, Hugo Chávez sólo se tardó dos lustros en conducir a Venezuela de la prosperidad a la escasez.
La desaparición del Estado de Derecho, el pisoteo de la división de poderes, para reemplazarlos por su voluntad despótica, han hecho de Chávez un tirano de las proporciones de Fidel Castro, Gadaffi o Trujillo. Sus eternas alocuciones en "Aló Presidente" y la retórica que da brillo a la peligrosa utopía del Socialismo del siglo XXI, son un atentado contra la dignidad los venezolanos.
Chávez desprecia cotidianamente la sociedad libre, el individuo común y corriente, con su agresiva centralización y estatización de la vida social. El libre intercambio económico, completamente normal en cualquier país que respeta la búsqueda de prosperidad material, comporta en Venezuela el delito más grave. La propiedad privada ha sido arrebatada a la gente decente y trabajadora, para asignarla entre la camarilla de burócratas alimentados por la dictadura, como producto emergente de la perversión del mérito y el esfuerzo individuales, sustentados en una sofística reivindicación de los intereses populares. Y las libertades de prensa y de expresión, pilares de una sociedad abierta y contenedores de la arbitrariedad del poder político, son inquiridas impetuosamente por los aparatos censores del régimen chavista.
Los jóvenes venezolanos se han tomado las calles durante las últimas semanas, para luchar por sus estrechos espacios de libertad. En las universidades, los estadios, las principales avenidas y plazas, se escucha al unísono y sin complejos el grito “¡Chávez, ‘tás ponchao!”. El movimiento estudiantil, con una valentía que desacredita a los débiles y acobardados partidos políticos tradicionales, defiende legítimamente el respeto de sus derechos civiles y políticos. Desde luego, son también conscientes de que están agotándose las vías pacíficas e inexorablemente recurrirán a la violencia.
Chávez no comprende el mensaje de la mayoría creciente de ciudadanos inconformes y cansados del avasallamiento colectivista. Han demostrado que no quieren saltar con él al vacío. Hace un par de años, habría sido impensable la cohesión social que la oposición juvenil genera hoy, frente al objetivo fundamental de restaurar la libertad y la democracia en Venezuela.
Juan David García Ramírez es politólogo de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, estudiante de maestría en Estudios Políticos e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas de la misma Universidad. También es Editor del periódico Comentario Digital.
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