Jesús Vallejo Mejía  

Conozco de cerca el caso de la UPB y por ello puedo afirmar a pie juntillas que no es un problema de libertad de cátedra, sino de deslealtad institucional y deshonestidad intelectual de parte de la Sra. Gómez. 

Es bien sabido que la UPB es no sólo una universidad católica, sino de carácter pontificio. Sus fundadores le asignaron una misión muy clara: proyectar el pensamiento y los valores católicos en la educación superior. Por eso, cuando uno se vincula a ella como docente, firma una declaración acerca de que conoce y acepta esa circunstancia. 

La UPB no exige que profesores y estudiantes sean católicos, ni se inscribe dentro de lo que podría considerarse como un fundamentalismo religioso. En consecuencia, no les exige a aquéllos que hagan profesión de fe ni que se sometan a prácticas religiosas. Ni siquiera impone en sus programas académicos una sujeción rigurosa a la ortodoxia católica. Pero, como es obvio y hasta de elemental buena educación, espera que sus huéspedes observen un mínimo respeto por los principios y valores que profesa y constituyen su razón de ser. 

Desde luego, como corresponde a cualquier institución, busca en quienes la orientan, dirigen y administran una especial compenetración con sus propósitos. 

No se concibe, por lo tanto, que quien ejerce el Decanato de una Facultad de la UPB oriente su acción para infiltrarla con enemigos declarados de la Iglesia, con el ánimo de poner a ésta a patrocinar manifestaciones que contrarían su sagrada misión y de socavar las creencias religiosas de sus alumnos.

Ello constituiría una grave traición a los padres de familia que buscan que sus hijos se formen dentro de unos valores espirituales y un ambiente cultural acorde con lo que ellos creen que es lo mejor para su desarrollo vital.

En ningún momento la Sra. Gómez mostró interés en ajustar sus políticas a la misión de la UPB. 

Ella tiene su propia visión de lo que llama el abogado pertinente para la época en que vivimos. Es, por supuesto, una visión respetable, pero la pregunta de fondo es si la misma coincide con la que el espíritu de la UPB propende. Y a esta pregunta respondo tajantemente que no. 

¿De quiénes se rodeó la Sra. Gómez para instrumentar sus políticas?¿A quiénes persiguió y excluyó? 

Lo de Cartagena fue, simplemente, el episodio que rebosó la copa. En la Facultad de Derecho había ya una grave crisis que el Rector, según me han dicho personas dignas de entero crédito, trató de aminorar con la promesa de que pronto se produciría un cambio en su dirección. 

Es de público conocimiento que en el próximo mes de septiembre se celebrarán 75 años de la fundación de la UPB. 

Es de suponerse que los actos conmemorativos de ese evento de tanta significación para ella tengan que ver con el realce de lo que quisieron sus fundadores y han promovido sus continuadores, es decir, la presencia de los ideales católicos en la comunidad a través de la formación de quienes, por su acceso a la educación superior, están llamados a liderarla. 

Es verdad que los resultados prácticos de ese esfuerzo no siempre han estado conformes con los ideales que lo han presidido. Pero de ahí no se sigue que deba abandonárselos, sino que, por el contrario, corresponde esforzarse más y de mejor manera en obtenerlos. 

Pues bien, cabe preguntar si lo que la Sra. Gómez programó dizque para festejar el acto fundacional corresponde a una sincera adhesión a los cometidos de la UPB o, por el contrario, estaba destinado a desvirtuar su misión. 

Entiendo, por lo que me comentó el Dr. Javier Tamayo Jaramillo, que la programación se hizo con el concurso de Mauricio García, David Roll y otro más, todos ellos encarnizados enemigos de la Iglesia. 

Según el blog del jurista español García Amado, bastante conocido por el radicalismo de sus tesis y a quien los amigos de la Sra. Gómez al parecer buscaron para que sirviera de caja de resonancia de sus reclamos, los programadores del evento propusieron que se invitara a Robert Alexy para que dictara la conferencia central, pero éste exigió que la UPB le otorgase el Doctorado Honoris Causa y que el acto se celebrara en Cartagena. 

La Sra. Gómez, al parecer, accedió a tan insólita exigencia. Pero hay algo más. Alexy es, sin duda alguna, uno de los más connotados iusfilósofos de la actualidad. Es una figura muy respetable dentro del ámbito de la academia. Pero sus tesis se contraponen radicalmente al pensamiento católico. 

¿Qué sentido tiene, entonces, que una universidad pontificia celebre los 75 años de su fundación otorgándole un Doctorado que él exigió como condición para venir a dictar una conferencia?¿No hay en el mundo académico un iusfilósofo católico digno de encomiarse y premiarse con esa distinción?

Traigo a cuento dos incidentes que ilustran sobre el menosprecio de la Sra. Gómez por el pensamiento católico. 

El año pasado vino a la UPB a dictar un ciclo de conferencias uno de los más eminentes iusfilósofos de la actualidad, el profesor Massini Correas. La Sra. Gómez no se dignó recibirlo en su despacho. Apenas lo atendió por unos cuantos minutos en la puerta del auditorio de la Universidad. De ello da fe el Dr. Alejandro Castaño.

El otro episodio tiene que ver con el Dr. Castaño. Cuando hace un año hube de retirarme del profesorado, lo recomendé a la Sra. Gómez como mi sucesor en la cátedra de Filosofía del Derecho.El Dr. Castaño fue mi discípulo en dicho curso hace cosa de 30 años y acababa de obtener el título de Doctor en Filosofía en la UPB con una tesis sobre el Derecho Natural en la actualidad, que obtuvo la máxima mención. La Sra. Gómez, de entrada, vetó su nombre y decidió encomendarle la cátedra a otro docente cuyo programa sigue a Nietszche, Heidegger y Foucault, entre otros, e ignora tajantemente la tradición filosófica inspirada en el pensamiento católico. 

Con toda razón dice el Dr. Castaño que los más perseguidos por la Sra. Gómez fueron los iusnaturalistas. 

Nadie discute la importancia del tema de la justicia en la actualidad colombiana, tanto desde el punto de vista filosófico como del práctico, es decir, lo que concierne a su administración y el acceso que a ella deberían tener los colombianos. 

La oportunidad se prestaba para que hubiese un fecundo diálogo entre el pensamiento católico que se supone debe abanderar la UPB y las concepciones del pensamiento secular. Ese diálogo parte de la base de una confrontación de cosmovisiones que pueden tener puntos de contacto en común, pero también motivos muy fuertes de discrepancia, tal como se los enseñaba a mis discípulos cuando los tenía. 

La Sra. Gómez, por su alinderamiento con los enemigos de la Iglesia, desaprovechó tamaña oportunidad, pues lo que buscaba, fuera tal vez de su propia promoción en el mundillo académico, era darles juego a quienes combaten el pensamiento católico y aspiran a dejarlo por fuera del escenario de las discusiones colectivas so pretexto de que el diálogo racional excluye de entrada las argumentaciones basadas en principios religiosos. 

En fin, la Sra. Gómez y sus amigos, a raíz de la decisión que tomó el Rector de la UPB y que ha sido torpemente defendida por su Vicerrector Académico, se han dedicado a hacer una presentación arteramente sesgada de lo que sucedió, presentándola como mártir de la libertad de cátedra y la defensa del pluralismo ideológico. 

Es una falsa mártir. Además, durante su gestión no promovió la libertad de cátedra, pues a mí me privó de la de Teoría Constitucional sin dar otra explicación que el error de una secretaria, y al profesor Alejandro Duque lo hizo expulsar de la Universidad sin fórmula de juicio. 

Debo manifestar, en honor a la verdad, que la UPB me otorgó los espacios de libertad académica que me negó mi Alma Mater, la U. de A., cuando se la tomaron los marxistas. Dicté allá mis clases, con algunas intermitencias, durante más de 30 años, sin que nadie exhibiera señales de inconformidad con ellas. 

La única indicación que recibí, muy cordial por cierto, provino del inolvidable Mgr. Félix Henao Botero. Cuando me vinculé a la Facultad de Derecho, aprovechó para buscarme en los pasillos y desearme muchos éxitos. Me despidió con unas amistosas palmadas en el hombro, diciendo:"Recuerde, joven, ¡mucho Derecho Natural!". 

Esto es lo que la Sra. Gómez pretendió erradicar de la Facultad de Derecho de la UPB.

Jesús Vallejo Mejía es abogado constitucionalista, profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Fue magistrado de la Corte Suprema de Justicia de Colombia y embajador de Colombia en Chile. El Dr. Vallejo es autor del blog Pianoforte.


( 3 Votos )¿Crisis en la UPB?

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