04 Noviembre 2010
Juan David García Ramírez
Era más que previsible el resultado de las elecciones legislativas en Estados Unidos. La realidad se impuso sobre la testarudez del Gobierno y de quienes mantenían el indiscutible control del Congreso.
Estos dos años no han sido únicamente los del experimento de Obama por implantar la socialdemocracia en el país, sino también los de la decepción de millones de ciudadanos, que han visto reducir sus espacios de vida en libertad y prosperidad, ante el avance imparable del Gran Gobierno y sus faraónicas medidas de resurrección económica y social.
Entre 2.009 y 2.010, Barack Obama tomó decisiones que le representaron un gran éxito político, al tener el apoyo del Partido Demócrata, mayoritario en las dos cámaras. Poco equilibrio que, aparentemente, significaría estabilidad y gobernabilidad, pero que a lo largo de este bienio ha demostrado ser bastante perjudicial para la sociedad estadounidense, en todos los órdenes.
El presidente no necesitaba atender las críticas de la oposición republicana, a la que consideraba como un obstáculo para el gran cambio que aspiraba a producir en su mandato. Por ejemplo, el plan de rescate financiero, TARP (Troubled Asset Relief Program), de 700.000 millones de dólares, con la adición de 787.000 millones más, fue aprobado por el Congreso en Enero de 2.009 y la generalidad de la opinión pública, nacional e internacional, aplaudió la iniciativa, guardando la esperanza de asistir al fin del “Capitalismo salvaje”.
Con un incremento del gasto público de semejantes proporciones, los planificadores keynesianos estaban seguros de la automática recuperación de la economía: El desempleo no aumentaría más allá del 7 u 8%, el PIB retornaría a su ciclo expansivo, el sistema financiero volvería a funcionar normalmente y la gente no tendría que abandonar sus casas, ante la imposibilidad física para asumir sus obligaciones hipotecarías.
Sin embargo, los hechos fueron más contundentes y dieron la razón a aquellos que, siendo acusados de radicales, retrógrados y antipatriotas, habían anticipado el fracaso rotundo de los paquetes de rescate y estímulo económico.
Influyentes figuras del mundo académico, político y mediático, como Glenn Beck (con su programa Glenn Beck, en el canal Fox News), David Horowitz (director de la revista online Front Page Magazine- y autor de varios libros, como “Reforming our universities”, “The Art of Political War for Tea Parties” y “Religion of Peace? Why Christianity Is and Islam Isn’t”) y la vigente Sarah Palin (exgobernadora de Alaska, fórmula vicepresidencial de John McCain, en 2.008, y la líder más comprometida con la causa del Tea Party, recorriendo cada rincón del país para apoyar a 56 candidatos republicanos en estas elecciones), fueron señalados como peligrosos enemigos de la democracia y un factor de discordia social, por advertir los graves riesgos que implicaba para las libertades individuales, la estabilidad económica y para el futuro de los Estados Unidos, la multiplicación del gasto público y la concentración creciente del poder político en manos del presidente Obama.
En contra de las proyecciones gubernamentales y de los demócratas, las soluciones aplicadas sólo contribuyeron a profundizar más la recesión, elevándose el desempleo al 10% este año (es decir, unos 16 millones de personas sin trabajo) y desplomándose el crecimiento a -2.6% en 2.009. Falló la fórmula del Estado omnipotente, al igual que ha fracasado en gobiernos anteriores, de signo demócrata o republicano.
Es claro, pues, el mensaje que una parte muy importante del electorado envió al actual gobierno y a los legisladores.
El propio Obama admitió, con una sensatez que la mayoría habría agradecido al comienzo de su mandato, que sus políticas no han generado efectos positivos, al decir: "mi principal tarea es conseguir una economía fuerte y por ello tengo que aceptar la responsabilidad de que no hemos logrado los progresos que deberíamos".
La gente se hizo sentir y expresó su gran insatisfacción con las circunstancias actuales, exigiendo al gobierno el retorno a los principios que han guiado a los Estados Unidos desde su fundación, que no son otros que el respeto a la libertad individual, la propiedad privada, el poder limitado y los mercados libres.
Es esto lo que los norteamericanos quieren, y no un Gran Gobierno que lleve a los ciudadanos por el camino de la servidumbre.
De manera que la nueva conformación del Senado y la Cámara de Representantes, le da un triunfo más que histórico al Partido Republicano (el GOP, o Grand Old Party), que tendrá, a partir de ahora, la oportunidad de ejercer un estricto control y oposición a las políticas que contradigan el modelo de sociedad libre y abierta que es Estados Unidos.
El movimiento del Tea Party, fortalecido por la brillantez de líderes como Marco Rubio, senador electo por el Estado de Florida, y John Boehner, representante por Ohio, tendrá un papel protagónico en el balance bipartidista del poder. La fuerza y el ímpetu con que sus ideas han irradiado el entorno político norteamericano, han causado, desde luego, la reacción de la izquierda progresista, detentora de un enorme poder económico y mediático, que no cesó en su empeño por deformar la tradición y la imagen del Tea Party, al caracterizarlo como un movimiento de enfurecidos radicales que lanzaron la cruzada contra la democracia.
En realidad, éste fue percibido como una amenaza al status quo de banqueros y empresarios poco competitivos y renuentes al cambio, habituados a evitar la quiebra con el dinero de la clase media.
Cada vez es mayor el descontento con los rescates bancarios, programas sociales como la reforma de la salud (coloquialmente conocida como Obamacare) o la intromisión del gobierno federal en las competencias de los gobiernos estatales. En estas Mid Term Elections, la maquinaria del Gran Gobierno de Obama ha dado marcha atrás frente al avance del GOP.
Juan David García Ramírez es politólogo de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, estudiante de maestría en Estudios Políticos e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas de la misma Universidad. También es Editor del periódico Comentario Digital.
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