Editorial (Por: Juan David García Vidal)

Estamos en un momento crucial en la lucha contra el terrorismo en Colombia. Al mismo tiempo que retornan y arrecian en casi todo el país los ataques de unas FARC revitalizadas por las ofertas de impunidad y diálogo de un gobierno claudicante, aparece en la escena política colombiana un halo de esperanza con el lanzamiento, la semana pasada, del llamado “Frente de unidad en contra de los terroristas”, en el marco del apoteósico homenaje de solidaridad que varios sectores de la sociedad colombiana le rindieron al doctor Fernando Londoño Hoyos, quien el pasado 15 de mayo milagrosamente salvó su vida de un vil atentado terrorista perpetrado por las FARC en Bogotá.

Dicho frente antiterrorista, encabezado por el expresidente Álvaro Uribe, se sustenta en un manifiesto que contiene principios como el repudio al uso de la fuerza criminal para imponer ideas; la negación de “las falacias justificadoras de la violencia terrorista”; la unidad en torno a la constitución para alcanzar la paz y el rechazo al diálogo político con los terroristas, ofreciendo únicamente “acuerdos de desmovilización, con la consiguiente entrega de armas, confesión de crímenes, delación de cómplices, negociación de penas y reparación de víctimas”. 

Los terroristas no son invencibles. Para vencerlos hay que empezar por creérselo. Los poderosos estadounidenses perdieron la guerra de Vietnam porque no creían en la victoria, mientras que los comunistas vietnamitas la ganaron, porque sí creían en ella. Durante el gobierno de Álvaro Uribe se empezó a recorrer el largo y difícil camino que conduce a la derrota definitiva de los terroristas en Colombia.  Un camino que el país nunca debió abandonar y que, en buena hora, el nuevo Frente antiterrorista reivindica. 

Estamos ante una excelente oportunidad de unirnos para decir, alto y claro, que el gobierno está llevando a cabo una política ante el terrorismo, cuya consecuencia directa e inmediata, según lo enseña la experiencia, es el fortalecimiento de organizaciones narcotraficantes y criminales como las FARC y el ELN,  permitiéndoles recuperar lo que habían perdido en los últimos años. Hay que decirlo, aunque al presidente Santos no le guste que se haga política con el terrorismo. En una democracia no se le puede arrebatar a la opinión pública un debate que es fundamental.  La lucha contra el terrorismo debe ser objeto de una discusión política abierta y permanente. A la hora de ir a las urnas, a los colombianos nos debe quedar claro que con un gobierno se buscará la derrota de los terroristas y con otro se intentará pactar con ellos. Santos engañó a su electorado una vez. Hay que desenmascararlo, para que quienes deseen apoyar su reelección sepan realmente a qué se atienen.

 Juan David García Vidal es abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y magíster en relaciones internacionales de la Universidad Externado de Colombia en convenio con la Universidad de Columbia en Nueva York y Sciences Po de París. Se desempeña como asesor jurídico y como profesor universitario de Derecho Internacional, Derecho Comercial Internacional, Geopolítica y Globalización. Es el director de Comentario Digital.   

                                                            


Bienvenido el frente antiterrorista

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