Juan José García Posada

Se ganó un terrible dolor de cabeza la London School of Economics , una de las universidades de ciencias sociales más acreditadas del mundo, por recibir millonaria donación de una fundación caritativa patrocinada por el líder libio Muamar Gadafi.

Peor aún, al segundo hijo del tirano, Saif al-Islam al-Gadafi, se le acusó de plagiar la tesis doctoral en la misma institución, cuyo director, Sir Howard Davies, no tuvo más remedio que renunciar arrepentido y agobiado por el escándalo. El penoso episodio enseña el enorme riesgo que afronta una corporación universitaria cuando establece vínculos financieros heterodoxos, como los que podrían propagarse en Colombia gracias a la extrema liberalidad del nuevo proyecto de ley regulatorio de la educación superior.

Claro que sería insensato en los tiempos actuales negar la inversión privada en establecimientos universitarios. Sería un anacronismo impertinente desconocer la necesidad de una constructiva relación económica entre universidades y empresas. Sin embargo, deben sostenerse condiciones perentorias: Que el Estado no eluda su responsabilidad presupuestal para fortalecer el servicio público de la educación y que no se afecte la autonomía razonable y por lo tanto la participación privada no determine ni reduzca la facultad decisoria en materias académica y administrativa. Sobre todo, que por ningún motivo la educación pierda su naturaleza primordial hasta degradarse a la categoría de pretexto para amontonar dinero, poder o fama, como podría suceder con la autorización esperpéntica del ánimo de lucro, incluida en el proyecto gubernamental que está discutiéndose.

Volver la educación un instrumento al servicio de fines distintos de los que le son esenciales, es un despropósito colosal. La legalización del ánimo de lucro (admisible en otros negocios, pero no en el educativo) podría poner las universidades en el oficio de mandaderas de monopolios, de multinacionales o de regímenes de las más diversas tendencias, camuflados de altruistas respetuosos y tolerantes. El hijo de Gadafi tenía en Gran Bretaña la fama de progresista y conciliador, muy distinto de su autocrático papá. Su cuestionada tesis doctoral trata de la sociedad civil y la democratización. Pero durante la revuelta ha sido visible y amenazante su respaldo al régimen. Por pura curiosidad, anoto la coincidencia entre la Tercera Vía del expremier inglés Tony Blair (otro gran amigo del Presidente Santos) y la Tercera Teoría del Libro Verde de Gadafi.

Las relaciones peligrosas mortifican a la prestigiosa London School of Economics. También a varios investigadores y académicos estadinenses, como Fukuyama, acusados de recibir ayuda del tirano libio a cambio de una estrategia para maquillarle la imagen. Por eso debe evitarse a toda costa que el nuevo régimen legal de la educación superior colombiana deje que las universidades se conviertan en pretextos rentables para mercaderes disfrazados de benefactores, como el beduino de Trípoli.

Originalmente publicado en el diario El Colombiano de Medellín.   

Juan José García Posada es Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Antioquia y Doctorado en filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. Es profesor titular y emérito de la UPB  en el área de ética profesional y periodismo de opinión. También es jefe de la Editorial UPB y columnista del diario El Colombiano, en donde trabajó por 36 años.


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