09 Mayo 2011
Álvaro Ramírez González
La llegada del Partido Liberal al gobierno trajo consigo todo un bagaje de rencores y cuentas por cobrar, producto de su ausencia del gobierno durante los ocho años de mandato del presidente Álvaro Uribe. Es natural que en un país tan descuadernado como Colombia en el año 2002, un hombre renovador y pantalonudo, como Álvaro Uribe, hubiera tenido que tomar decisiones muy drásticas, muy cuestionadas, muy susceptibles de múltiples interpretaciones, pero finalmente necesarias para empezar a ordenar este manicomio.
Esto es como cuando un enfermo llega colapsado al hospital y entra a la unidad de cuidados intensivos. Allí los médicos beben tomar decisiones rápidas, drásticas y no hay tiempo ni oportunidad de consultárselas ni al paciente ni a su familia.
Desde que Álvaro Uribe inició su primer mandato, en el año 2002, frente a un país dominado por la guerrilla y los paramilitares, invadido y gobernado por la parapolítica y con su estructura corroída por el cáncer de la corrupción, Juan Camilo Restrepo se apartó de los dictámenes del Partido Conservador, que para entonces era ya socio del gobierno y responsable político de todas sus decisiones, y empezó a hacer una oposición, al principio incipiente pero poco a poco más fuerte, frente a las políticas agrarias que, desde el Ministerio de Agricultura, buscaban dinamizar el raquítico desarrollo del campo, bajo la dirección que del veterano Ministro Cano.
Nadie discute las capacidades académicas y técnicas del Doctor Juan Camilo Restrepo. Sin duda alguna ese hombre tiene elevadas condiciones de honorabilidad, academia y experiencia, que lo sitúan como uno de los personajes más importantes de Colombia. Por esta razón ha sido catalogado como presidenciable. Nunca se dieron las condiciones políticas para que esta postulación fructificara. No todas las mujeres hermosas llegan a ser reinas.
La reconstrucción del campo colombiano, en mi entender, de acuerdo con contundentes e incuestionables estadísticas, fue impresionante bajo el gobierno de Álvaro Uribe. Todo empieza con 400 municipios de la patria que estaban, en el año 2002, abandonados y sin presencia de fuerza pública. Allí mandaban guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes. Era el 40% del país sin Estado, controlado por bandidos.
Los procesos de desmovilización que hizo Uribe y su comisionado Restrepo fueron gigantescos y valiosos. Algo así como 55 mil hombres entregaron sus armas. Unos verdaderamente paramilitares y otros narcotraficantes disfrazados de paras, buscando el beneficio que les otorgaba su entrega.
La llegada de la fuerza pública no fue tarea fácil, porque en aquel momento el presupuesto del Estado era escuálido. Sin embargo, se lograron copar, en su totalidad, todos los municipios que estaban abandonados.
La repoblación y reconstrucción de la agricultura y la ganadería fueron una tarea paralela, pero igualmente colosal, dadas las limitaciones presupuestales que en esa época existían.
Pero los resultados se fueron dando y, con el retiro del veterano Ministro Cano, llegó a esa cartera Andrés Felipe Arias, un hombre muy joven, muy audaz y con un plan igualmente agresivo denominado: Agro Ingreso Seguro. El proceso de fortalecimiento de las finanzas públicas le dio al gobierno de Uribe y a su novel Ministro suficientes recursos para otorgar créditos en condiciones extraordinarias para motivar el reingreso de los empresarios al campo. Y así sucedió, los empresarios, agricultores y ganaderos volvieron a sus tierras, a limpiar, a renovar, a endeudarse y a sembrar.
Lo que no han dicho, ni quieren decir los enfermizos y gratuitos enemigos de Andrés Felipe Arias y su Agro Ingreso Seguro son las cifras de lo que esta propuesta económica produjo en el campo colombiano. Uno a uno, los diferentes renglones de la agricultura y la ganadería crecieron de manera impresionante. En palma africana, que es seguridad alimentaria, el país multiplicó su área cultivada por cuatro. En maíz, Colombia produce hoy como el 35% de lo que consume; mientras que en el año 2002 apenas producíamos un 10%.
En azúcar, arroz, soya, cítricos, verduras y proyectos agroindustriales, el país experimentó una espectacularmente positiva transformación, generando empleo, reemplazando importaciones y aumentando de manera gigantesca sus exportaciones agrícolas y pecuarias. Con el respaldo de Minagricultura y Bavaria, la meseta cundi-boyacense tiene 35 mil hectáreas de cebada que antes se importaban.
De los 31 mil créditos otorgados por el AIS, son como 15 o 20 los casos en lo que, como en el Magdalena, los empresarios subdividieron sus fincas para obtener mayores subsidios. Ha sido una enfermiza obsesión la de Juan Camilo, quien magnifica algunos créditos irregulares para desvirtuar la política agraria de Uribe, cosa esta hoy imposible, porque las plantaciones, las plantas, las bodegas y los ganados allí están y no se pueden esconder.
Mala cosa esta Juan Camilo. Ese purismo enfermizo se lo va a cobrar el tiempo, pues estoy seguro que a su retiro, como la maldita corrupción trabaja de día y de noche y no se siente, aparecerán casos individuales y aislados de fenómenos de corrupción. Y usted tendrá que pagar por ello.
Para terminar, el nuevo plan agrícola del ministro Juan Camilo, se parece demasiado, es prácticamente idéntico al AIS. Tiene en su contenido algunas medidas preventivas y lo otro es apenas un cambio puramente cosmético. Como se lo manifesté al Presidente Uribe es “el mismo perro, con distinta guasca”.
Álvaro Ramírez González es empresario risaraldense y columnista del Diario del Otún. Fue alcalde de la ciudad de Pereira.
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