José Alvear Sanín

Sin visión geopolítica ningún Estado logra los objetivos económicos nacionales: empleo, crecimiento y desarrollo, prosperidad, justicia social… 

La geopolítica se pregunta por el territorio, por los recursos y su adecuada explotación en función de los intereses nacionales. En cierto modo es una interrogación sobre el lugar que se ocupa en el mundo y sobre la manera de alcanzar más altos puestos en la escala del poder. 

En la política colombiana, permanente y monótona lucha por el control de la burocracia, solamente se confrontan los amores y odios cambiantes de unos pocos jefecillos, cabecillas de clientelas igualmente ignorantes de las posibilidades del país. Eso como que no les incumbe, en un medio cada vez más corrupto. 

Casi todos los colombianos vivimos en la cuarta parte del territorio. En la Orinoquia, con 22% de la superficie, vive el 3.21% de la población. La Amazonia ocupa el 35% del territorio y tiene el 2.81% de los habitantes. 

Casi nadie en Colombia se preocupa por proteger ydesarrollar de manera sostenible esa inmensa reserva que todos los países del mundo envidiarían. Sólo en nuestros Llanos Orientales cabe otra Colombia, sin necesidad de tocar la Amazonia, que debe preservarse como parte vital del amenazado pulmón del mundo.  

 Tan simples enunciados bastarían para la elaboración de una planificación prospectiva, con el horizonte de los cincuenta años suficientes para convertirnos en una de las naciones más importantes de la tierra. Pero ese grandioso y esencial designio está totalmente alejado de las inquietudes nacionales. 

En cambio, la Constitución del 91 (el “código funesto”) convirtió los “territorios nacionales” en diez inmensos feudos podridos, escriturados como departamentos a caciques locales, incapaces de cualquier cosa diferente a la malversación de regalías. 

En esas condiciones no es de extrañar que la Orinoquia esté parcelada en enormes latifundios, tanto oleíferos como ganaderos, muchos de ellos de los narcos, y donde la población está marginada de la legislación laboral, la salud y la educación. Y en la Amazonia, capitalistas extranjeros, empezando por los chinos, están  “comprando” grandes extensiones de selva que talarán con el propósito de establecer agroindustrias de exportación a sus países... 

Y como si esto fuera poco, otra amenaza depredadora viene dada, especialmente en el Vichada,  por la presencia de coltán, contracción que indica mezcla de columbita y tantalita, rica en niobio y tantalio, elementos esenciales para la fabricación de celulares, computadores, videojuegos y mecanismos para navegación aérea y la guía de misiles, entre otras muchas aplicaciones. 

De esta riqueza, que ya empieza a causar problemas, habrá que tratar la semana venidera, Deo volente.

Originalmente publicado en el periódico El Mundo.

José Alvear Sanín es experto en Administración Pública, con estudios de Planeación Económica en la London School of Economics y la Universidad de Alcalá de Henares, y en Administración Educativa en la Universidad de Reading. Fue jefe de Catastro, secretario general de la Alcaldía de Medellín y concejal de la misma ciudad. Ha sido director regional del Icetex y columnista de El Tiempo, El Colombiano y El Mundo. Entre sus libros destaca “El Negocio del Metro” (Premio Diners de Periodismo Económico, 1991). Es autor, además, del “Manual del Río Magdalena”, de una biografía del presidente Mariano Ospina Pérez y de “Transporte e Infraestructura en Colombia, 1492 - 2007”.


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